“Cuando exportas, no te compran por proximidad: Te compran porque realmente eres el mejor”

27-05-2026

Entrevista a Carles Acedo, director general de Gesame

 

Desde sus inicios en Barcelona en 1965, la empresa Gesame, socia de CEAM, ha evolucionado de fabricante de maquinaria para carnicerías a compañía especializada en soluciones de formado alimentario con presencia en más de 40 países.

Hablamos con Carles Acedo, su director general, que nos explica cómo la empresa ha crecido apostando por la especialización, la internacionalización y la calidad del producto.

 

  1. ¿Cómo definiríais Gesame hoy, más allá de ser un fabricante de maquinaria alimentaria?

Somos fabricantes de soluciones para el sector alimentario, especialistas sobre todo en maquinaria de formado para hamburguesas y otros alimentos que requieren este tipo de proceso. Esa es nuestra especialidad.

 

  1. La compañía nace en 1965. ¿Qué elementos de vuestro ADN industrial se han mantenido intactos desde entonces?

La empresa nació en Barcelona, concretamente en la calle França Xica, junto a Plaza España, inicialmente fabricando máquinas para el sector cárnico. Eran los tiempos de los mercados municipales, cuando la gente iba a comprar al pequeño comercio. Con los años, el supermercado fue ganando cuota, pero la empresa nació como fabricante de todo tipo de maquinaria para el sector cárnico.

Siempre hemos sido fabricantes. La parte de diseño y fabricación se ha mantenido con el paso de los años y siempre nos hemos abastecido a nivel local, trabajando con proveedores industriales de Cataluña.

 

  1. A lo largo de vuestra trayectoria, ¿qué momento ha supuesto un verdadero punto de inflexión en el desarrollo de la empresa?

Como cualquier empresa, hemos pasado momentos muy buenos, momentos no tan buenos y sobre todo momentos difíciles, como la crisis de 2008. Ahí hubo un cambio importante, también de propiedad. El gran punto de inflexión fue apostar fuerte por la internacionalización y por la gama de máquinas de formado.

La primera hamburguesera de Gesame es de 1975. En aquel momento, la hamburguesa todavía era un producto poco popular y representaba una parte muy pequeña del negocio. Con los años, otros productos tuvieron más competencia y la apuesta por la gama de formado fue un cambio estratégico importante: pasar de ser una empresa multigama y generalista a especializarnos.

Al final se trata de centrarte en aquello que sabes hacer. A veces las empresas queremos tocar muchas cosas y no acabamos haciendo ninguna bien. Para profundizar, tienes que especializarte. La combinación de especialización e internacionalización es lo que nos ha llevado hasta donde estamos ahora.
 

  1. ¿Cómo ha cambiado el papel de la tecnología en vuestro negocio?

La tecnología ha sido clave en este cambio. Hemos incorporado herramientas de gestión, software ERP y nuevas tecnologías en los procesos de fabricación. Nosotros diseñamos, pero no fabricamos directamente todas las piezas, y nuestros proveedores también han evolucionado mucho con centros de mecanizado, control numérico y procesos mucho más avanzados.

Todo esto nos permite tener un producto mucho más competitivo en costes. Si no, no podríamos competir a nivel mundial.

 

  1. ¿Qué os diferencia realmente en un mercado global de maquinaria alimentaria cada vez más competitivo?

Nuestra ventaja competitiva es una combinación de tecnología, conocimiento del mercado y una correcta definición de las necesidades del cliente.

Vendemos más de un 70% fuera, así que la exportación es nuestro motor. Nuestro producto tiene un ciclo de vida largo: una máquina puede durar muchos años, y eso nos obliga constantemente a abrir nuevos mercados.

Nuestros principales mercados son Francia, Alemania, Italia, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Australia y en algunas zonas de Asia, aunque vendemos prácticamente en todo el mundo, en más de 40 países.

 

  1. ¿Cómo ha cambiado la manera de trabajar con vuestros clientes gracias a esta internacionalización?

Exportar nos ha hecho mejorar mucho el producto y tener una visión mucho más global de los problemas que deben resolverse con nuestras máquinas. La receta que se utiliza en Colombia no es la misma que en Alemania, y eso nos obliga a adaptarnos.

Nosotros trabajamos con una base estándar (entre un 70% y un 90% del producto) pero ofrecemos la posibilidad de personalizar según las necesidades del cliente. Esa flexibilidad es muy importante.

Cuando te internacionalizas, también estás obligado a hacerlo muy bien. No es lo mismo reparar una máquina en Cataluña que tener que coger un vuelo de diez horas para repararla en Estados Unidos. Si el producto no es bueno, rápidamente te ganas una mala reputación. Y la fama, para bien o para mal, es muy importante. Cuando exportas, no te compran por proximidad: te compran porque realmente eres el mejor. Si no, buscarían una empresa más cercana.

 

  1. ¿Qué papel juega el diseño de la maquinaria en la competitividad de vuestros clientes?

Es muy importante, sobre todo en el sector alimentario. Se valora mucho la facilidad de uso, la limpieza y la fiabilidad. Todas nuestras máquinas están certificadas bajo el estándar NSF, que es un referente americano en higiene alimentaria.
También es clave evitar paradas de producción. Si una máquina falla en medio de un proceso alimentario, el cliente puede perder producto, tiempo y dinero. En nuestro sector esto es crítico, porque estamos hablando de toneladas de carne, equipos humanos trabajando y producto perecedero.

 

  1. La industria alimentaria está viviendo transformaciones importantes (proteínas alternativas, nuevos formatos, sostenibilidad). ¿Cómo impactan estos cambios en vuestro plan estratégico de producto?

Nosotros trabajamos muy pronto con empresas de proteína alternativa. Por ejemplo, cuando en California empezaron a fabricar hamburguesas plant based, ya utilizaban nuestra tecnología.

En aquel momento hubo un boom muy fuerte, se buscaron mercados estratégicos y dedicamos recursos a ello. Pero es cierto que eso ha retrocedido un poco. En los últimos años, la gente está volviendo a valorar mucho la proteína animal, la carne y dietas más centradas en la proteína.

También está creciendo mucho toda la gama de productos de valor añadido, como empanados, rebozados o croquetas. Son productos elaborados que permiten diferenciarse y aportar más margen al productor. Cada vez vemos más consumo de productos prácticamente listos para consumir, porque el consumidor busca comodidad y rapidez. La industria alimentaria está evolucionando claramente hacia ese modelo.

Nosotros siempre hemos sido fieles al sector cárnico, que es de donde venimos. Evidentemente, nos adaptamos a nuevas tendencias, pero nuestro núcleo sigue siendo ese.

  1. ¿Qué papel puede jugar la maquinaria en la reducción del desperdicio alimentario o en la mejora de la eficiencia de los procesos?

La tecnología ayuda mucho a reducir el desperdicio porque automatiza y estandariza los procesos. Si quieres hamburguesas de 100 gramos, la máquina garantiza esa precisión. Manualmente es mucho más difícil.

También se reduce mucho el tiempo de procesado y eso significa menos tiempo con la carne fuera de temperatura. En general, trabajar con tecnología mejora mucho la eficiencia y ayuda a reducir el desperdicio alimentario.

 

  1. Desde vuestra experiencia, ¿hacia dónde evolucionará la industria alimentaria en términos de producción en los próximos 10 años?

El gran cambio es el crecimiento del precocinado y de los productos ready-to-eat. Cada vez veremos más productos prácticamente preparados para consumir o que solo necesiten calentarse. La industria va claramente hacia la automatización y hacia el precocinado, también dentro del sector cárnico. Cocinar desde cero con producto fresco será cada vez menos habitual.

También existe una falta de relevo generacional en oficios como el de carnicero. Cuesta encontrar continuidad, aunque quien sabe diferenciarse con calidad todavía tiene mucho recorrido, porque hay mucha gente dispuesta a pagar más por un buen producto.

 

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