Model31: transformar el pasado para construir la movilidad del futuro

19-05-2026

Un modelo industrial basado en el retrofit de Vespas clásicas que une patrimonio, diseño y movilidad sostenible para prolongar la vida útil de vehículos icónicos.

La innovación industrial está evolucionando hacia modelos cada vez más circulares, eficientes y conscientes con el entorno. Un ejemplo claro de esta transición es Model31, compañía dedicada a la transformación y electrificación de Vespas clásicas. Su proyecto no parte de la creación desde cero, sino de la transformación inteligente de vehículos icónicos para darles una segunda vida. A través de la electrificación de estas motos, la iniciativa demuestra que la sostenibilidad no solo está en lo nuevo, sino también en la capacidad de preservar, actualizar y revalorizar lo existente sin renunciar a su esencia.

“La innovación no siempre consiste en empezar de cero; a veces consiste en respetar lo que funciona, mantener su esencia y hacerlo compatible con el futuro”, señala Albert Guiu, responsable de Marketing y Comunicación de Model31. Una visión que resume el espíritu del proyecto: demostrar que un vehículo clásico puede entrar en una segunda vida industrial sin perder su identidad y convirtiéndose, a la vez, en una solución de movilidad actual.

1. Si tuvierais que definir Model31 en una frase, ¿cómo lo haríais más allá de la electrificación de Vespas clásicas?

Model31 es la pasión y la ilusión de devolver a la vida un vehículo icónico, conservando su historia, su diseño y su vínculo emocional, y transformándolo para la movilidad actual, combinando sostenibilidad y cumpliendo la normativa vigente en materia de emisiones.

2. ¿Cómo nace el proyecto y qué os llevó a apostar por transformar un producto existente en lugar de diseñar uno nuevo?

El proyecto nace de una historia muy personal y familiar: la primera Vespa que Begoña regaló a Emilio, con la coincidencia de que ambas tenían 31 años —ella al hacer el regalo y la moto de antigüedad—. La pequeña Matilda, desde su mirada infantil, pronto les señaló que hacía mucho ruido y emitía mucho humo. La solución, y a la vez el reto, fue transformarla en eléctrica.

A partir de ahí, la idea evolucionó hacia una propuesta empresarial: rescatar unidades existentes en desuso, deterioradas o prácticamente convertidas en residuo, para transformarlas y recuperarlas como vehículos de uso diario, alargando su vida útil y conservando su valor cultural y emocional.

3. Trabajar sobre una Vespa clásica implica partir de un producto ya fabricado. ¿Qué cambia a nivel industrial frente a empezar desde cero?

Cambia prácticamente todo el planteamiento industrial. Al empezar desde cero se diseña una plataforma nueva y se controla cada variable desde el origen. En Model31, en cambio, se trabaja con una base ya existente: hay que diagnosticar el estado de cada moto, restaurar lo necesario, adaptar componentes eléctricos modernos a una arquitectura antigua y mantener la estética original.

Industrialmente, esto obliga a combinar procesos de taller artesanal, ingeniería de integración, control de calidad y homologación.

4. ¿En qué momento entendisteis que no estabais solo “electrificando motos”, sino construyendo un modelo de transformación de producto?

El punto de inflexión aparece cuando la transformación deja de ser solo un cambio de motor y se convierte en una metodología completa: selección de la moto, restauración, integración eléctrica, personalización, homologación, pruebas y soporte posterior. Ahí el proyecto ya no consiste únicamente en electrificar motos, sino en demostrar que un producto existente puede entrar en una segunda vida industrial sin perder su esencia.

5. ¿Qué implica técnicamente el proceso de transformación?

De forma sencilla, el proceso consiste en retirar el sistema de combustión, revisar y restaurar la unidad, integrar un sistema eléctrico —motor, batería, controlador, cableado y elementos de seguridad—, ajustar la configuración a las prestaciones deseadas, comprobar funcionamiento y autonomía, y completar la homologación para que pueda circular legalmente. En paralelo puede hacerse personalización estética, siempre procurando que la moto siga fiel a su historia y diseño original.

6. ¿Cuáles han sido los principales retos del proyecto?

Los principales retos han sido cuatro. El primero, técnico: integrar una tecnología actual en una estructura pensada para otro tipo de mecánica. El segundo, de homologación: conseguir que la conversión no sea solo atractiva, sino también legal y apta para circular. El tercero, de proceso: estandarizar lo suficiente para ser escalables sin perder el carácter artesanal y la personalización. Y el cuarto, de mercado: aquí es clave nuestra web, model31.com, y nuestros canales digitales, donde debemos explicar que no se vende solo una moto eléctrica, sino una solución de movilidad con valor patrimonial, diseño y sostenibilidad, enmarcada en la economía circular.

7. ¿Qué decisiones clave han marcado vuestro modelo?

Han sido clave tres decisiones. La primera, respetar el diseño original y no alterar un producto muy reconocible. La segunda, situar la homologación y la seguridad en el centro del modelo, no como un trámite final. La tercera, posicionar Model31 en un territorio distinto al de la moto eléctrica convencional: una propuesta premium, emocional y sostenible, dirigida a quien quiere conservar una su moto clásica, pero usarla adecuándose a la normativa de emisiones actual.

8. En vuestro caso, la economía circular es una práctica real. ¿Cómo se traduce en vuestro día a día a nivel de diseño, ingeniería o producción?

La economía circular se traduce en partir de una moto que ya existe y alargar su vida útil. En diseño, significa intervenir lo mínimo necesario para mantener la identidad del vehículo. En ingeniería, obliga a adaptar soluciones a una base existente en lugar de sustituirla por completo. En producción, implica revisar, restaurar, reutilizar y actualizar componentes siempre que sea viable, reduciendo la necesidad de fabricar un vehículo entero desde cero. La sostenibilidad no está solo en que la moto sea eléctrica, sino en evitar que un producto con valor acabe fuera de la movilidad parado, infrautilizado o como residuo.

9. Desde una perspectiva industrial, ¿qué habéis aprendido al trabajar con un modelo basado en transformar en lugar de fabricar desde cero?

La principal lección es que transformar exige más flexibilidad que fabricar desde cero. Cada moto puede traer una historia, un estado y unas necesidades distintas. Eso obliga a diseñar procesos robustos, pero no rígidos. También demuestra que la industria puede generar valor no solo produciendo más, sino aprovechando mejor lo que ya existe.

10. ¿Cómo veis la evolución del retrofit, la movilidad y la transformación de producto en los próximos años?

El retrofit nace de una idea sencilla que, como decía Albert Einstein, puede entender fácilmente nuestra abuela: actualizar lo antiguo para que funcione como nuevo, manteniendo su base original. Esto debería crecer en los próximos años porque responde a tres tensiones reales: restricciones urbanas, coste ambiental de fabricar productos nuevos y deseo de conservar vehículos con valor emocional o patrimonial. En movilidad urbana, no sustituirá a la fabricación de vehículos eléctricos nuevos, pero sí puede ocupar un espacio importante en nichos donde el diseño, la historia y el uso diario conviven. La transformación de producto puede convertirse en una línea industrial propia: menos basada en reemplazar y más en actualizar, certificar y prolongar la vida útil.

11. Si tuvierais que dejar un mensaje a la industria, ¿cuál sería?

El mensaje sería: antes de fabricar algo nuevo, preguntémonos si podemos transformar mejor lo que ya existe. La innovación no siempre consiste en empezar de cero; a veces consiste en respetar lo que funciona, manteniendo su esencia, actualizarlo con inteligencia y hacerlo compatible con el futuro. Un futuro que debemos trabajar ahora para las próximas generaciones.

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